El pragmatismo en la ontología: Quine, Carnap y Putnam
- Gabriel Herrera
- 15 sept 2021
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 28 sept 2021
Quine adopta el pragmatismo en su refutación de la doctrina de la barba de Platón, la cual nos lleva a un compromiso ontológico por el cual todos los enunciados negativos serían falsos y esto acarrearía muchos problemas referidos a nuestra forma de hablar y, sobre todo, afectaría seriamente al lenguaje científico.
Para salvar al lenguaje del compromiso con la existencia de entidades inexistentes (como Pegaso), Quine recurre a una simplificación, vía navaja de Ockham, que busca oponerse a la ontología hipertrofiada de los posibles no actualizados. Esta simplificación es efectuada a través de la teoría de las descripciones de Russell, por la cual los nombres son reemplazados por descripciones definidas. Mediante esta esquematización formal del lenguaje, Quine busca deshacer ciertas ambigüedades del lenguaje corriente y establece un criterio de compromiso ontológico que desplaza la carga de la referencia objetiva del sujeto gramatical al sujeto lógico, es decir, a la variable ligada a un cuantificador.
Este nuevo criterio nos permite expresarnos acerca del no ser de algo sin comprometernos ontológicamente con la existencia de ese algo y sin caer en el sinsentido que resulta de la confusión entre nombrar y significar. Esto se traduce en terreno ganado en un sentido pragmático a la hora de expresarnos y expedirnos sobre la no existencia de algo y que esto tenga una significación independiente de su referencia o no a un objeto realmente existente.
Entonces, Quine realiza una conexión entre semántica y ontología que, si bien no nos permite saber que hay, nos resulta útil para saber lo que una determinada teoría dice que hay (aquello que asume como valores de sus variables) y “hallar un terreno común en el cual discutir”[1], el cual nos permita escapar a la aporía planteada por la doctrina de la barba de Platón. La simplicidad del esquema conceptual adoptado para ordenar la experiencia y la indispensabilidad para llevar a cabo una práctica científica pueden ser criterios pragmáticos para adoptar una ontología determinada, pero Quine no deja de observar que nuestro espíritu de investigación debe guiarse por la tolerancia y la experimentación.
En el caso de Carnap, las consideraciones pragmáticas son aún más explícitas y se hacen patentes en su distinción entre cuestiones de existencia internas y externas. Éstas últimas refieren a preguntas metafísicas que, al carecer de contenido cognitivo, son rechazadas en virtud de su sinsentido, de su carácter inverificable e indecidible. Sólo podemos pronunciarnos acerca de la realidad de algo en un sentido interno, es decir, desde el interior de un determinado marco lingüístico, fuera del mismo la pregunta pasa a ser de carácter metafísico y, en consecuencia, se reduce a una pseudocuestión que no tiene valor alguno para la obtención de conocimiento.
Ahora bien, la elección de un marco lingüístico es puramente pragmática. Es por ello que podemos aceptar un lenguaje de cosas sin que ello implique creer en la realidad de las cosas, y lo mismo se puede afirmar acerca de las entidades abstractas. Sin importar que estas últimas existan o no (ya que no lo podemos saber), nos podemos comprometer con ellas en un sentido interno sin caer en una ontología platonizante y compatibilizando su uso con una visión empirista y científica. Lo que estamos aceptando es una forma de lenguaje, y lo hacemos en razón de su eficiencia y fecundidad respecto a nuestros objetivos, dejando de lado una cuestión teorética que implique la aserción de la realidad por fuera del marco de aquello que es objeto del lenguaje elegido.
Entonces, el uso de una determinada forma lingüística será considerada a partir de su eficacia instrumental; si un método semántico recurre a entidades abstractas es porque las mismas traen aparejados resultados satisfactorios y son beneficiosas en la consecución de sus objetivos. La aceptación de esta idea parece, para Carnap, ser condición sine que non para el progreso científico.
Por último, podemos hallar también una fuerte impronta pragmática en el realismo interno defendido por Putnam, el cual busca compatibilizar el realismo con la relatividad conceptual y echar por tierra, a su vez, la imagen desastrosa del mundo que hemos heredado del realismo científico y que niega al realismo del hombre común. El relativismo conceptual es un relativismo moderado que no niega la existencia de una realidad independiente. Hay algo existente por fuera de nuestro marco conceptual, sólo que ello admite distintas formas de ser entendido y descripto. No todas las maneras de conceptualizar esa realidad son igual de buenas, pero tampoco hay una única forma de hacerlo que sea la indicada. En este sentido, no hay en Putnam una noción clásica de verdad como correspondencia, ya que el mundo no nos impone un solo lenguaje.
Si bien Putnam se diferencia de Carnap en la afirmación de una realidad que este último considera inverificable, comparte la idea de que hay marcos o esquemas conceptuales que son más adecuados que otros en vistas a nuestros fines, pero ello no implica que sean inconmensurables (tal cual sostiene el relativismo extremo). Hay una variedad de marcos que pueden adecuarse positivamente a la realidad, y el criterio a partir del cual esto se hace patente es, nuevamente, pragmático, o sea, se elige un lenguaje según su utilización sea más o menos conveniente (lo cual Putnam expresa en sus consideraciones sobre la disputa entre un lenguaje mereológico y uno antimereológico). En este sentido, el realismo interno juega a favor del realismo del sentido común, ya que este último resulta de utilidad al ofrecer una manera pragmática de expresarnos y es una versión imprescindible para pensarnos a nosotros mismos y al mundo.
Dicho esto, desde el momento en que reconocemos nuestra finitud, las limitaciones de aquello que la mirada humana puede abarcar en contraposición a una hipotética e inaccesible mirada divina y el hecho de que no hay razones objetivas reconocibles para adoptar una determinada ontología por sobre otra, el pragmatismo puede ser un camino válido e intelectualmente honesto para abordar los problemas filosóficos acerca de lo que es. La ontología con la que nos comprometemos puede tener una finalidad ficcional y regulativa que no esté sujeta al dogmatismo ni al relativismo extremo, y que nos permita conducirnos en nuestra cotidianeidad habilitando la flexibilización y reevaluación de nuestras creencias (que, a menudo, pueden pecar de inmutabilidad) ante nuevos descubrimientos o cuestionamientos científicos, sin que esto vaya en desmedro de la aventura filosófica que pretende indagar en lo insondable.
En este sentido, resulta interesante la postura de Carnap referente a las razones para elegir un marco lingüístico sin comprometerse con una creencia, pero siempre y cuando no se inhabilite la pregunta filosófica por las llamadas pseudocuestiones solo porque sean tales. Así, resulta necesario considerar y sumar los aportes de Putnam que nos permiten salir desde distintas alternativas de marcos conceptuales hacia afuera, con diferentes perspectivas, pero matizando el relativismo y rechazando el objetivismo, sin caer en reduccionismos dogmáticos ni escepticismos, para rescatar el quehacer filosófico alrededor de los temas que nos conmueven y, de esta forma, “hacer justicia a la realidad y al misterio de nuestro mundo de sentido común”[2]. Si bien no tenemos acceso a la verdad por fuera de nuestros marcos conceptuales ni a la realidad como es en sí, es probable que haya mucho más de lo que nuestro marco pueda abarcar y la experiencia de cada uno por sí sola no es suficiente para conducirnos en la vida y para comprender, de alguna manera, al mundo que tenemos en común y el cual compartimos. En consecuencia, el realismo interno de Putnam no va en desmedro del realismo del sentido común, sino que busca complementarlo o refinarlo y esto, aún con sus fisuras, resulta ser una empresa loable y un buen punto de partida para continuar reflexionando.
[1][1]Quine W.V.O., Desde un punto de vista lógico, Hyspamérica, Ed. Orbis, 1984, p.43. [2] Putnam H., Las mil caras del realismo, Barcelona, Paidós, 1994, p.67.
BIBLIOGRAFÍA
Carnap R., Autobiografía intelectual, Barcelona, Paidós, 1963
Carnap R., Empirismo, semántica y ontología, Chicago, 1956
Carnap R., La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje, en Ayer A.J., El positivismo lógico, Madrid, FCE, 1993
Gaeta R. y Gentile N., Hilary Putnam y qué significa que la silla está ahí
Putnam H., Las mil caras del realismo, Barcelona, Paidós, 1994
Sosa R., El realismo pragmático de Putnam, Brown University
Quine W.V.O., Acerca de lo que hay, en Desde un punto de vista lógico, Hyspamérica, Ed. Orbis, 1984




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