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Fox Keller: el sistema género-ciencia y la metodología feminista

  • Foto del escritor: Gabriel Herrera
    Gabriel Herrera
  • 14 sept 2021
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 28 sept 2021

Fox Keller parte de la premisa de que hay una construcción social en lo que concierne al género y a la ciencia. La ciencia estuvo siempre ligada a la masculinidad, mientras que la feminidad fue disociada y marginada del campo científico. Esta distinción afecta a la forma de conocer y evidencia la falsedad de una supuesta neutralidad de la ciencia.

En este sentido, Fox Keller incorpora las categorías de género e introduce una perspectiva feminista para comprender el funcionamiento de los estudios científicos, que siempre fueron practicados por hombres blancos de clase media, dejando a las mujeres en la marginalidad. Esta marginación se hace patente en una caracterización de lo femenino construida socialmente como aquello que se asocia con la subjetividad, el sentimiento y la naturaleza en contraposición con la objetividad y la razón de la mente, que siempre es masculina. Es decir, que a partir de esta división las mujeres caen en la esfera de lo emocional y personal, mientras los hombres se reservan la esfera de lo intelectual e impersonal. Toda esta red conceptual asociativa/disyuntiva, que no es natural sino contingente (y por tanto modificable), constituye lo que Fox Keller denomina como “sistema género-ciencia”.

La autora toma este status de marginación que le es otorgado en tanto mujer científica como punto de partida para explotar la contribución que puede aportar una perspectiva y una metodología feminista combinada con los estudios sociales de la ciencia. En esta dirección, es que el feminismo intentará “ampliar nuestra comprensión de la historia, la filosofía y la sociología de la ciencia mediante la inclusión no sólo de mujeres y sus experiencias concretas sino también de aquellos dominios de la experiencia humana que han sido relegados a las mujeres: a saber, el personal, el emocional y el sexual” (Keller, 1989: 17). De esta forma, se puede vislumbrar como esa pretendida impersonalidad está siempre infiltrada no sólo por lo social sino también por el aporte personal de lxs científicxs involucradxs, quienes adoptan ciertas interpretaciones particulares en base a sus propios “compromisos, expectativas y deseos emocionales anteriores” (Keller, 1989: 19).

Por lo tanto, la objetividad entendida como neutralidad (tal cual la considera el objetivismo) no sería el modo adecuado de abordar el conocimiento científico. Aquí se puede trazar un paralelismo con la concepción de Harding según la cual “la maximización de la neutralidad es un obstáculo para maximizar la objetividad” (1995). El objetivismo pretende justamente desligar a la ciencia, en cuánto expresión del pensamiento, de lo personal/emocional, así como también de toda influencia sociopolítica. Sin embargo, esta despolitización de la ciencia presupone una “política de la supremacía masculina institucionalizada y normalizada” (Harding, 1995) que se basa en supuestos generalizados creados por prácticas e instituciones que producen, a su vez, distorsiones sistemáticas en los resultados de la investigación científica al apoyarse en ciertas prioridades y reglas dominantes. Harding, entonces, contrapone al concepto de objetividad débil (que no logra visualizar los sesgos que operan detrás de la investigación científica explicitados por Keller en su análisis) el concepto de objetividad fuerte.

Esta objetividad se nutre de la teoría del punto de vista, la cual argumenta, al igual que lo hace Fox Keller, que “lo que hacemos en nuestras relaciones sociales al mismo tiempo nos posibilita y limita (no determina) lo que podemos conocer” (Harding, 1995). Los proyectos de investigación, para ser críticos de los intereses y valores dominantes, deben entonces partir de las “vidas marginales”, dentro de las cuales, tal cual señala Keller, entran las mujeres. Así, entra en juego una perspectiva femenina (aunque no automáticamente feminista) socialmente situada que puede incluso ser retomada por los hombres en tanto parta de las vidas marginadas que fueron “desventajadas por los marcos conceptuales dominantes y excluidas de sus beneficios” (Harding, 1995). De esta forma, partiendo de una posición epistémica privilegiada (aquella que el feminismo le permitió descubrir a Keller), se pueden obtener resultados menos falsos y distorsivos al detectar los valores e intereses sociales y particulares detrás de cada proyecto científico.

Lo antedicho nos devuelve a la idea de Keller de que “lo científico es personal” (1989: 17). Esta inversión personal del científico no quita su ambición de lograr un conocimiento fiable y lógicamente coherente de la naturaleza en base a la experimentación, más allá de que esta ambición se vea afectada por los compromisos socio-políticos y emocionales de lxs estudiosxs y, por lo tanto, responden a ciertos intereses particulares y a determinados criterios de fiabilidad que “dependen de forma crítica de la práctica social, lingüística y científica de quienes hagan los juicios en cuestión” (Keller, 1989: 19). Desde esta concepción, Fox Keller elabora un puente entre internismo y externismo poniendo como ejemplo de la argumentación explicitada más arriba una consideración acerca de la ley de Boyle. La autora reconoce, entonces, la validez de la misma siempre y cuando se reconozcan las limitaciones contextuales (así como de intereses y criterios) de su surgimiento.


BIBLIOGRAFÍA

E. Fox Keller, Reflexiones sobre género y ciencia, Valencia, Alfons el Magnánim, 1989.

S. Harding, “Objetividad fuerte”: una respuesta a la nueva pregunta por la objetividad, 1995

D. Maffía, “Epistemología feminista: la subversión semiótica de las mujeres en la ciencia”

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