Harding, Fricker y la marginación de las mujeres
- Gabriel Herrera
- 14 sept 2021
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 28 sept 2021
Cuando Harding nos habla sobre la perspectiva de las mujeres se refiere a la idea de partir de sus vidas, en cuánto vidas marginales, para explicar el orden social, la relación con la naturaleza y las concepciones epistemológicas. El razonamiento de Harding se construye sobre una teoría del punto de vista que busca romper con el objetivismo (sin caer en un simple relativismo), que disfraza de neutralidad ciertos sesgos que se encuentran al interior de la comunidad científica. La ciencia que se declara a sí misma objetiva no puede escapar a su politización, so pretexto de una despolitización, ni tampoco a la formación de la imagen que nos hacemos del mundo y la legitimación de “políticas públicas de explotación pasadas y futuras” (Harding, 1995).
De esta manera, la investigación científica no puede evitar una distorsión de sus resultados en cuanto se apoya en procedimientos y conceptos normalizadores que responden, consciente o inconscientemente, a las reglas impuestas por los grupos dominantes en función de una ideología. En este sentido, los científicos, en su pretensión de neutralidad, terminan cumpliendo un trabajo administrativo-gerencial en favor de los intereses y valores especiales de los más fuertes y poderosos. “De modo que, cuando las ciencias ya están al servicio de los más fuertes, la neutralidad científica asegura «la ley del más fuerte»” (Harding, 1995). El método, montado sobre esta idea de objetividad débil, no puede subsanar este moldeamiento conceptual ya gestado en el contexto de descubrimiento, en cuanto es incapaz de visualizar los valores e intereses ya implícitos.
En contraposición al objetivismo, la teoría del punto de vista ofrece una visión situada que parte de las vidas excluidas para desarticular “los intereses y valores que constituyen los proyectos conceptuales dominantes” (Harding, 1995). De esta manera, se puede sortear la autoridad ideologizante que moldea nuestras conciencias y restringe nuestra capacidad de ver más allá de lo que nos es permitido ver; y que instituye, como sostiene Fricker, a la injusticia como norma. Las vidas marginales se insertan en una asimetría en el acceso a la circulación de la información que se apoya en un poder social identitario normativo, el cual construye los prejuicios y estereotipos distorsivos que desautorizan la voz de estas vidas marginales al vedarles la posibilidad de ser sujetos de conocimiento merecedoras de credibilidad. Esto horada la confianza de las personas afectadas y pone obstáculos en la consecución de un conocimiento que podría haber obtenido en otro contexto. La perspectiva de las mujeres se ve, en este sentido, cercenada en cuánto se la desvaloriza en el funcionamiento sistemático, persistente y opresivo de una injusticia epistémica testimonial que tiene un carácter ético y político descendiente de los intereses dominantes.
Por otra parte, cabe destacar que en cuanto esta ideología dominante, como afirma Harding, moldea nuestra mirada y nuestra conciencia, también moldea la mirada y la conciencia de las vidas marginales al incapacitarlas para conceptualizar sus propias experiencias. Ya que las ciencias están al servicio de los poderosos, los conceptos son creados dentro del contexto de esos intereses y valores dominantes y constituyen lo que Fricker llama “marginación hermenéutica”, la cual origina ciertas lagunas conceptuales y no permite a las mujeres transmitir de manera precisa sus propias experiencias y puntos de vista.
Como conclusión, se puede decir que el objetivismo y su pretensión de neutralidad no pueden desligarse de esta injusticia hermenéutica estructural que margina a las mujeres, en tanto forman parte de una dinámica de poder que les impide “participar en condiciones de igualdad con los hombres en aquellas prácticas mediantes las cuales se generan los significados sociales” (Fricker, 2017: 245). La teoría del punto de vista que expresa Harding nos permite partir de las vidas excluidas; esto implica superar los estereotipos prejuiciosos proyectados e introyectados, superar las distorsiones identitarias y comenzar a llenar las lagunas conceptuales de estos grupos marginales, permitiendo la creación de conceptos que reflejen sus experiencias invisibilizadas por una estructura de poder que constituye el mundo social excediendo a los mismos agentes.
BIBLIOGRAFÍA
M. Fricker, Injusticia epistémica, Barcelona, Herder, 2017.
S. Harding, “Objetividad fuerte”: una respuesta a la nueva pregunta por la objetividad, 1995
D. Maffía, “Epistemología feminista: la subversión semiótica de las mujeres en la ciencia”




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