Leibniz y el innatismo virtual
- Gabriel Herrera
- 15 sept 2021
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 28 sept 2021
En primer lugar, hay que caracterizar lo que es una idea para Leibniz. La misma no es para el autor un acto de pensamiento, como en Descartes, sino una facultad. Las ideas son una potencialidad siempre disponible cuando se piense en ellas y que existen aun cuando no piense en ellas. La idea es la facultad de pensar algo, pero no ese algo en que se piensa. De esta forma, Leibniz está cambiando el innatismo actual cartesiano, donde no hay pensamiento sin conciencia, por un innatismo virtual que afirma la posibilidad de que haya representaciones inconscientes.
Ahora bien, Leibniz considera que no es prudente reducir las ideas a meras facultades para pensar en la cosa a través de un método. Para no caer en este debilitamiento del innatismo, el autor introduce el concepto de expresión afirmando que es necesario “que haya algo en mí que no sólo conduzca a la cosa, sino que además la exprese”.[1] La expresión consiste en una representación entre algo que expresa y algo que es expresado. Basta con cierta analogía, no es necesaria la identidad, entre los elementos de lo que expresa y la cosa expresada para que se dé esta correspondencia entre la mente y lo que surge de las cosas.
El innatismo virtual de Leibniz supone, entonces, que las ideas están en nosotros en tanto el espíritu expresa sus pensamientos futuros, aunque sea de una manera confusa, pero esta confusión desaparecerá cuando el pensamiento, por una potencia activa del alma, se actualice y se forme a partir del material que le brinda la idea. En este punto, es que Leibniz retoma la teoría platónica de la reminiscencia y la depura para concluir que sabemos todo virtualmente y sólo necesitamos de advertencia para la conocer las verdades, ya que poseemos “las ideas de las que esas verdades dependen”[2]. Sólo estas expresiones en nuestra alma son reconocidas por Leibniz como ideas, en cambio, todo lo que procede de una experiencia interna o externa son nociones.
En ¿Qué es idea?, Leibniz dirá que unas expresiones tienen su fundamento en la naturaleza (ya sea por semejanza, por conexión según una ley determinada o por conexión causal) y otras en una convención o arbitrio (por ejemplo, las que se presentan mediante vocablos o caracteres). Por conexión causal, en cuanto todo efecto expresa su causa, es que nuestra alma expresa a Dios y al universo. De aquí se sigue que la idea es una facultad innata en el sentido de que Dios nos imprimió en la mente la facultad de pensar, de forma tal que ella “puede obtener mediante sus operaciones todo lo que se corresponde perfectamente con lo que surge de las cosas mismas”[3]. Entonces, hay una armonía preestablecida por Dios que se apoya en este concepto de expresión.
Esta concepción de innatismo que sostiene Leibniz escapa a las críticas que hace Locke a la teoría de las ideas innatas. La crítica de Locke señala, en primer lugar, que no hay un asentimiento universal de las ideas innatas (una de las razones dadas es que gran parte de la humanidad no tiene noción alguna de ella, como los niños y los idiotas). Para Locke, si estas ideas están en nuestra mente debemos percibirlas y entenderlas ya que “ser en el entendimiento y no ser entendido; ser en la mente y nunca ser percibido, es tanto como decir que una cosa es y no es en la mente o en el entendimiento”[4]. Al decir esto, está suponiendo la premisa cartesiana de que todo pensamiento es consciente para ejercer sus objeciones. En este sentido, su crítica estaría dirigida al innatismo actual pero no podría alcanzar el innatismo virtual de Leibniz, en tanto este introduce la posibilidad de representaciones inconscientes.
Leibniz también evita caer en esa trivialización que Locke considera como un intento inútil y que consiste en que las facultades cognitivas sean. Para Locke, si esto fuera así, básicamente todo sería innato. Esta crítica no puede alcanzar a la doctrina de la expresión de Leibniz, la cual complejiza y refuerza mucho más el innatismo.
En definitiva, Locke no logra alcanzar a Leibniz con sus críticas ya que los supuestos de los que parte no son compartidos por este último, desde cómo se concibe el pensamiento y las ideas mismas (consideradas por Locke como los objetos del entendimiento cuando un hombre piensa) hasta la premisa que considera el principio de conciencia. Las premisas utilizadas pertenecen a un innatismo actual del que el mismo Leibniz sería un crítico y al cual buscaría transformar o mejorar mediante la postulación del innatismo virtual.
[1]Leibniz¿Qué es idea?, en Escritos filosóficos, Charcas, Buenos Aires, 1982, p.178. [2]Leibniz, Discurso de metafísica,en Escritos filosóficos, Charcas, Buenos Aires, 1982, p.313. [3]Leibniz, ¿Qué es idea?, en Escritos filosóficos, Charcas, Buenos Aires, 1982 p.179. [4]Locke, Ensayo sobre el entendimiento humano, Fondo de Cultura Económica, México, 1999, p.24.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
Leibniz, Escritos filosóficos, Charcas, Buenos Aires, 1982
Locke, Ensayo sobre el entendimiento humano, Fondo de Cultura Económica, México, 1999
Rutherford D., Leibniz and the Rational Order of Nature, Cambridge, 1995




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